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El incívico y el alcalde

Los fotógrafos íbamos tomando imágenes del alcalde recorriendo Ciutat Vella. Siempre vamos unos cinco metros por delante de él esperando encontrar una imagen sugerente, a la expectativa de que la gente del barrio se le acerque, o que sea el propio Jordi Hereu quien entable conversación con los vecinos. De repente, veo un hombre apostado en la esquina de una oficina de La Caixa. Mis ojos no dan crédito:  está orinando -a plena luz del día- por donde pasará el alcalde; tanto era mi asombro que me aproximé para cerciorarme. Al acercarme pude ver claramente entre sus piernas la trayectoria de la micción precipitándose al suelo… No pude más que sonreír para mis adentros: pillado “in fraganti”.  Mientras comprobaba rápidamente que la focal estuviera en gran angular y que la luz era la correcta, me separé unos pasos, pasó el alcalde con la concejal y apreté el obturador.

Estoy convencida de que ni Jordi Hereu ni Assumpta Escarp se dieron cuenta del incidente, puesto que andaban muy rápido para llegar a tiempo al acto siguiente. Gran parte de nuestro trabajo consiste justamente en esto: en ver aquello que simplemente de una ojeada no se ve, en separar de forma gráfica el grano de la paja.

Más allá de constatar que a algunos ciudadanos les trae al pairo la ley sobre el civismo que promulgó el alcalde Jordi Hereu, a mi parecer, lo que acaba de redondear la fotografía es el cartel publicitario: “Dentro de La Caixa cabe todo lo que te importa”, es lo que le da el punto de sal, el toque irónico. Coincidencia o no, días después la publicidad había desaparecido de la vidriera.

El incívico y el alcalde

El incívico y el alcalde

 

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