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Chiapas: Del hambre y la palabra

Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra. Blas de Otero.

Desde el alzamiento del 1 de Enero de 1.994, la guerrilla zapatista no ha utilizado las armas, sólo la palabra; palabra en boca de cientos de mujeres tapadas con paliacates (pañuelos) para enfrentarse a las tropas militares: “Vayánse, no queremos verlos porque aquí no es cuartel. No estamos dispuestas a volver al rincón del abandono y de la miseria sin esperanza.” Ellas son un símbolo de la lucha zapatista, una nueva conciencia que emerge de las tinieblas de subyugación marital. Los malos tratos a las mujeres están directamente relacionados con el alto consumo de posh, un aguardiente de caña de altísima graduación. Patronos, caciques y demás explotadores han promovido su venta en las haciendas para perpetuar la miseria de los indígenas.

La guerrilla ha conseguido, con la prohibición del alcohol y las drogas en sus comunidades, romper ese círculo vicioso e incrementar la participación de la mujer en todos sus ámbitos.

Ahora son ellos y ellas, y sus hijos. Sus vidas no son importantes más allá de la causa que los une. Son zapatistas: unos han huido del miedo dejando atrás todas sus pertenencias -casa, cosecha y animales- y otros menos afortunados, han perdido, además, hijos, padres o hermanos. “Les tiraron bala”, dicen.

Genaro, de la primera Colonia Miguel Utría Los Chorros, cuenta los detalles: “…escapamos por las montañas. Lo han destrozado y quemado todo. Primero quemaron la casa y luego vendieron el terreno. Lo vendieron entre ellos mismos. Lo que dicen es que si regresamos a nuestra comunidad nos van a matar. Escuché que los priístas decían que tenían bastante cuerno de chivo (armas) para matar zapatistas, que no tenían miedo, que nos iban a matar. Eso dijeron”.

Ahora, en los campos de desplazados, con el temor pisándoles los talones, tienen que luchar para sobrevivir en un medio inhóspito donde la falta de alimentos, de agua potable, de techo y de prendas de abrigo son caldo de cultivo de diarreas, fiebre, infecciones respiratorias, parasitosis y neumonía. Hombres, mujeres y sobretodo niños mueren a diario por la falta de medicamentos y atención médica.

Que nadie se lleve a engaño. Chiapas -como tantos otros lugares del mundo- es una cuestión de superviviencia y de sano orgullo, de amor propio a la vida y de la lucha por el derecho a vivirla con dignidad.

Reportaje realizado en el año 1.998 en Chiapas, principalmente en los campos de desplazados de Polhó y Acteal.

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