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Cuba: Apuntes

La resignación, fuerza de voluntad e ingenio unidos para sobrevivir durante toda una vida en condiciones precarias. Pinceladas de la realidad que viven los cubanos.

El desplome del bloque comunista en el año 1.989 -la URSS dejó de financiar a la isla, lo que supuso la pérdida del 80% de sus ingresos- y el “Maleconazo” de 1.994 -protesta de los jóvenes por la crítica situación política y económica- que obligó a Fidel a legalizar la tenencia de dólares, son los principales causantes del desconcierto y de las grandes desigualdades sociales que se viven en la isla.

Los principios de la revolución van sucumbiendo a los dictámenes de la necesidad, y nos guste o no esto es lo que se respira en las calles de La Habana, Santiago, Baracoa y por toda la isla. El dólar marca la pauta y está transformando la sociedad cubana: psicólogos, biólogos, ingenieros, maestros y un largo etcétera de licenciados y técnicos superiores abandonan su vocación para convertirse en fontaneros, electricistas y mecánicos que cobran, por supuesto, en dólares.

No hay clase alta, ni media ni baja, todo se reduce a dos clases sociales que cada vez van ampliando más las distancias entre sí: los que tienen dólares y los que no los tienen; así que el turista se convierte en preciado objeto de deseo, una especie de dólar con patas al que hay que cuidar, agasajar, motivar, complacer y si es necesario enamorar.

Cuba se abre de brazos al extranjero que puede elegir entre disfrutar de una naturaleza salvaje llena de matices y colores, u otro tipo de “naturaleza viva” – jineteros y jineteras- no tan virgen como la anterior pero joven y rebosante de encanto. Desde finales del 98, se persigue de forma sistemática la prostitución femenina y masculina, impidiendo a los cubanos acceder a los hoteles internacionales; pero hecha la ley, hecha la trampa, y los domicilios particulares se convierten en improvisadas casas de citas.

Mientras el anquilosado régimen sigue mirándose en el espejo del pasado, de lo que fue y no es, ni será; las calles venden una imagen contradictoria de idílicas gorras revolucionarias y colas de ancianos frente a la estafeta de correos esperando el giro de Miami.

Dicen que el hambre agudiza el ingenio y la mayoría de la población tiene que hacer verdaderas filigranas para sobrevivir. Adolis “resuelve” el pinchazo de su bici haciendo un nudo al neumático. “Lo máximo que resiste son ocho nudos, a partir de ahí tengo que buscar otra cámara”, asegura. Marcela aprovecha los recursos naturales para efectuar su aseo personal y “el Gola” enseña a su hijo José Luis cómo combatir el calor y apaciguar el estómago. Entretanto, el implacable paso del tiempo va dejando huella en los edificios de la más hermosa ciudad colonial de América, resentidos tras más de cuarenta años sin mantenimiento. Como dicen los cubanos: “…no es fácil…”.

Reportaje realizado en Cuba durante el mes de Julio-Agosto de 1.999.

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