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Olvidados en Plaça Catalunya

La Plaza Cataluña, siempre cosmopolita, acoge a más de cincuenta subsaharianos que la han convertido en su hogar

Situada en el centro neurálgico de Barcelona, al lado de las míticas Ramblas que han atraído a miles de turistas, rodeada de modernos centros comerciales, la Plaza Cataluña, siempre cosmopolita, acoge a más de cincuenta subsaharianos que la han convertido en su hogar. Unos llegaron a las costas de Almería o Cádiz, y tras ser detenidos fueron puestos en libertad con una orden de expulsión en la mano; otros fueron trasladados desde Canarias en un avión fletado por el Ministerio del Interior a ciudades como Madrid o Barcelona y abandonados en el centro de la ciudad. España no tiene tratado de extradición con los paises subsaharianos. Sin papeles no hay trabajo, no hay trabajo, no hay papeles: es un círculo vicioso difícil de romper; por tanto, todos estos jóvenes están condenados a la indigencia o a la delincuencia.

A Peter (fotos 3, 4 y 19) no le gusta esta situación y está preocupado, huyó de Sierra Leona para salvar la vida: “Mi madre y mi padre murieron cuando yo era pequeño, así que tuve problemas para seguir en la escuela y me hice albañil. En Freetown las matanzas son a diario, seis amigos decidimos huir.” Dice que dormir en la calle es muchísimo mejor, pero no entiende porque no le dan los papeles que le permitan trabajar y tener una vida digna. Un dia aparece con la cabeza rapada y bromea: “… es más fácil tener el pelo límpio…”. Al llegar la noche se tumba en un banco y sueña con un futuro mejor.

A las 12 del mediodía hacen cola durante más de una hora para conseguir el ticket que les va a facilitar cuatro horas más tarde realizar la única comida del día en los comedores de beneficencia de las Hermanas de Santa Teresa de Calcuta. Williams y sus compañeros devoran en escasos cinco minutos un plato de arroz con verduras, pan, galletas, fruta y yoghourt. Al atardecer se preparan para el largo suplicio de dormir en la calle. Son jóvenes, pero las noches húmedas de Barcelona y la malnutrición empiezan a hacer mella en ellos, la mayoría se queja de dolores musculares. La entrada del metro es una buena solución cuando la lluvia o la Guardia Urbana hacen acto de presencia. Las patrullas están toda la noche en la plaza, hacen turnos. Las órdenes son presionarlos para que abandonen el lugar, para ello obligan a los subsaharianos a sentarse, ya que “…los bancos son para sentarse, no para estar tumbado”. Muchos de ellos acaban durmiendo sentados en las posturas más incómodas.

Mientras Willy, que ha podido dormir mejor en las escaleras del metro, se lava los dientes en la fuente de la plaza, el amanecer sorprende rendidos a tres de sus compañeros que han sufrido durante toda la noche el acoso de los guardias urbanos. Un día más, la ciudad despierta con los ojos cerrados a su realidad.
Después han llegado la nueva Ley de Extranjería, las protestas de los “sin papeles” y los encierros en las iglesias. Entretanto, siguen llegando cientos de inmigrantes a nuestras costas y otros tantos mueren en el intento.

Peter, William, Georges, Willy y todos sus “hermanos” subsaharianos duermen en la actualidad en el Albergue Municipal de Valldonzella mientras esperan que concluyan los trámites de legalización prometidos por la Delegación del Gobierno el mes de diciembre. Siguen comiendo y duchándose en los centros de beneficencia, la plaza sigue siendo su punto de reunión, y ahora su rostro esboza una sonrisa. Para ellos, algo ha cambiado.
Este reportaje se realizó durante los meses de julio a diciembre del 2000. El “acoso” de la Guardia Urbana se inició a principios de septiembre y finalizó tras la publicación en La Vanguardia -el 17 del mismo mes- de algunas de estas fotografías.

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